Hipólito Mejía demanda
ante Foro Económico Internacional mayor atención a la producción agrícola de
América Latina
MONTREAL, Canadá._ El ex presidente dominicano
Hipólito Mejía expuso este miércoles ante el Foro Económico Internacional la importancia
del rol que en las economías y desarrollo de los pueblos latinoamericanos esta
llamado a jugar el incremento de su producción agrícola para el abasto de los
grandes mercados de consumo, por lo que demandó se le preste una mayor
atención.
Mejía, quien hizo una acotación de los
resultados alcanzados durante su gestión de cuatro anos con la instalación de
invernaderos, se lamento de que durante los últimos anos no se diera a la
agricultura la importancia que reviste de cara a las nuevas inversiones
vinculadas a la investigación e innovación tecnológica y el desarrollo de los
nuevos mercados.
El ex mandatario dominicano refirió que, sin
embargo, y debido a diversos factores, en los últimos tiempos la preocupación
por la seguridad alimentaria alcanzó tal magnitud, que el Foro Económico
Mundial reunido en Roma con la presencia de lideres de 40 naciones declaro en
el 2009 que “el problema de la alimentación mundial es el tema mas importante
para la agenda de la humanidad.
Refirió también una observación hecha por la
Organización Mundial del Comercio, en el sentido de que la producción y el
comercio de mercancías en los países menos adelantados cayo de manera brusca,
dando lugar a un gran desabastecimiento de los granos básicos, con el
consecuente resultado de alzas en los precios, traduciéndose en importantes
conflictos sociales en varios países.
El ex presidente Mejía preciso al Foro
que en América Latina y El Caribe, la agricultura es la actividad
económica con mayor capacidad de emplear la abundante mano de obra no
calificada que prevalece en la región, por lo que cualquier estrategia de lucha
contra la pobreza y por mejores condiciones de vida tiene que contemplar una
mayor inversión en la agricultura.
Dijo que los estudios realizados en la región
muestran que la contribución de la agricultura a la economía, a través de las
cadenas productivas, es mucho más importante de lo que normalmente se registra
en las cuentas nacionales.
En este punto cito el caso de Chile, en donde
la contribución de la agricultura al Producto Interno Bruto (PIB), cuando se
incluyen las actividades derivadas, llega al 15%, en lugar del 4.4% que
registran las cuentas nacionales, y que su aporte al empleo es de un 22% en
lugar de 14%, y el aporta a las exportaciones alcanza un 20%, en lugar del 5%
que las cuentas nacionales les asignan.
Mejía dijo que en muchos países de la región la
agricultura aporta hasta un 30% del empleo, y que se constituye en la única
fuente de ingresos para amplios segmentos de la población.
Al demandar mayor atención de los gobiernos
hacia la inversión en materia de desarrollo agrícola, el ex presidente
dominicano advirtió que el desarrollo industrial en América Latina y el Caribe
solo serán sostenibles y equilibrados si el mismo se realiza fortaleciendo la
actividad agrícola.
Preciso el ex mandatario, cuya especialidad es
la agronomía, que en la materia hay lecciones aprendidas de Taiwán, tal como
fueron señaladas por el ex presidente Lee Teng-hui, considerado el padre del
extraordinario desarrollo alcanzado por la nación asiática.
A continuación la
exposición hecha por el ex presidente Mejía ante el Foro Económico
Internacional reunido en Montreal, Canadá:
Agradezco al Consejo de Gobernadores de este
Foro Económico Internacional de las Américas, Conferencia de Montreal, en la
persona de su presidente, el señor Paul Desmarais Jr., por su amable invitación
a participar en esta Décimo Octava Conferencia Anual, cuyo tema central
es: Una Economía Global en Transición: Nuevas Estrategias, Nuevos
Socios.
También agradezco al Centro Global para el
Desarrollo y la Democracia, la oportunidad de participar como exponente
en el Foro organizado por el Centro, con el tema: El Surgimiento de
Latinoamérica Como Nuevo Socio Comercial.
En mi condición de ex presidente de la
República y a partir de mis vivencias de más de 50 años en el sector
agropecuario, quiero aprovechar esta oportunidad para referirme al papel de la
agricultura en el marco de las nuevas estrategias de una economía global,
poniendo especial atención en nuestra región latinoamericana.
Las estrategias de crecimiento económico que
prevalecieron en las últimas dos décadas, inspiradas en el Consenso de
Washington, provocaron una profunda decadencia en muchos de los sistemas
agrícolas de la región. Eso contribuyó a profundizar la pobreza y la
desigualdad social en Latinoamérica.
Es bien sabido que, cuando la asignación de
recursos productivos se deja exclusivamente al funcionamiento del mercado, la
agricultura tiene una gran desventaja, ya que ésta enfrenta los riesgos propios
del clima, las plagas y enfermedades, y las imperfecciones de los mercados
agrícolas: estacionalidad, subsidios y protección de precios.
En los últimos años, la agricultura fue
considerada una actividad económica de importancia decreciente, y de poco
interés para las nuevas inversiones vinculadas a la investigación, la
innovación tecnológica y el desarrollo de nuevos mercados.
No se comprendió que la importancia de este
sector descansa no únicamente en su aporte a la seguridad alimentaria y nutricional
de la población, sino también en su rol como generador de empleos, motor de
crecimiento económico, y en su contribución a las políticas sociales y la
sostenibilidad ambiental.
Debido a diversos factores, en los últimos años
la preocupación por la seguridad alimentaria es de tal magnitud que el
Foro Económico Mundial reunido en Davos, y los líderes de 40 naciones que se
congregaron en Roma, en el 2009, declararon que “el problema de la alimentación
mundial es el tema más importante para la agenda de la humanidad”.
La Organización Mundial del Comercio ha
señalado que la producción y el comercio de mercancías en los países menos
adelantados cayó bruscamente, se produjo un gran desabastecimiento de los
granos básicos, y los precios se dispararon. Eso se tradujo en importantes
conflictos sociales en varios países.
En América Latina y El Caribe, la agricultura
es la actividad económica con mayor capacidad de emplear la abundante mano de
obra no calificada que prevalece en la región. Por ello, cualquier estrategia
de lucha contra la pobreza y por mejores condiciones de vida tiene que
contemplar una mayor inversión en la agricultura.
Estudios realizados en la región muestran que
la contribución de la agricultura a la economía, a través de las cadenas
productivas, es mucho más importante de lo que normalmente se registra en las
cuentas nacionales.
Por ejemplo, en el caso chileno se encontró que
la contribución de la agricultura al Producto Interno Bruto, cuando se incluyen
las actividades derivadas, es de 15% en lugar del 4.4% que registran las
cuentas nacionales. También, su aporte al empleo es de 22% en lugar de
14%; y el aporte a las exportaciones es de 20%, en lugar del 5% que las cuentas
nacionales les asignan.
En muchos países de la región, la agricultura
aporta hasta un 30% del empleo y es la única fuente de ingresos para amplios
segmentos de la población.
Nuestra región, con una población de casi 600
millones de habitantes y abundantes recursos naturales, pero con una mano de
obra de baja calificación, tiene la oportunidad de impulsar un modelo económico
que combine el desarrollo de la agricultura y la agroindustria con otras
actividades productivas.
Estamos convencidos que se necesita una
verdadera re-valorización del rol de la agricultura en las políticas públicas y
en las estrategias de los gobiernos y entidades multilaterales de
financiamiento, para así devolver al campo latinoamericano su capacidad
productiva y convertirlo en una herramienta para crear oportunidades para al
progreso económico y social de nuestros pueblos.
El desarrollo industrial en América Latina y el
Caribe, sólo será sostenible y equilibrado si el mismo se realiza fortaleciendo
su agricultura. Esa es una de las lecciones aprendidas de Taiwán, como muy bien
señala el ex presidente Lee Teng-hui, padre del extraordinario desarrollo
de ese país.
Hay amplia evidencia de que, en la medida que
la población aumenta sus ingresos, tiende a elevar el consumo de vegetales,
frutas, carnes y derivados lácteos. Esta prospectiva constituye un verdadero
reto para el futuro de los sistemas agrícolas, pero también una gran
oportunidad para las empresas y los negocios basados en la agricultura.
En la región, alrededor del 21% de la
superficie con potencial agrícola no está bajo cultivo y tampoco forma parte de
los ecosistemas forestales.
Tenemos los suelos, la disponibilidad de agua,
el clima, y las condiciones naturales para producir una amplia diversidad de
frutas tropicales y vegetales de invierno para abastecer la creciente demanda
de los consumidores de las regiones templadas.
Los países del Cono Sur ya están liderando la
producción de granos y cereales. Argentina, por ejemplo, es el mayor exportador
de soya, el tercero en la producción de maíz y el quinto en la producción de
trigo.
Asimismo, Brasil es el mayor exportador de
carnes, café en grano y azúcar, y el segundo en la producción de soya y aceite
de soya.
Igualmente, Colombia es el segundo mayor
exportador de café en grano.
En el caso de América Central, Costa Rica es el
mayor exportador de piñas y el tercer mayor exportador de bananas.
La creciente urbanización de muchas áreas
tradicionalmente agrícolas, como es el caso del sur de la Florida, ofrece a los
productores de América Central y el Caribe oportunidades que debemos
aprovechar, para incrementar la exportación de frutas, hortalizas y plantas
ornamentales.
La asociación de los productores de la región
con las grandes cadenas de distribución mundial de alimentos debería de formar
parte de una estrategia para tener acceso a tecnologías, recursos financieros,
y a mercados.
En ese contexto, la producción en ambientes
controlados constituye oportunidades que deben ser aprovechadas por los países
de Centroamérica y El Caribe
El éxito de México con la producción de
invernadero es un referente de lo que puede significar en términos económicos
invertir en tecnología y producir de cara a los mercados.
Precisamente en el gobierno que tuve el honor
de encabezar iniciamos un programa de instalación de invernaderos que hoy día
es un exitoso modelo en la región del Caribe.
Quiero destacar que la producción forestal, el
turismo rural, los programas de captura de carbono, la medicina natural, y
muchas otras actividades económicas, forman parte del potencial productivo de
nuestra región a partir de su riqueza natural y biodiversidad.
Sin embargo, para que aprovechemos esas
oportunidades y logremos el relanzamiento de la agricultura en la región, se
requiere grandes inversiones de capital para el desarrollo de infraestructuras,
la formación de recursos humanos, la aplicación de tecnologías avanzadas y el
manejo del impacto ambiental.
En relación a estos temas quiero precisar
cuatro aspectos.
En primer lugar está el papel de la tecnología
y la aplicación de conocimientos en la agricultura.
De acuerdo a estudios de la Organización de las
Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación FAO, la productividad
agrícola tuvo una caída notable, en el período 1990 - 2010, fruto de la poca
inversión en investigación.
Sólo Brasil y los Estados Unidos mantienen
niveles razonables de inversión en el desarrollo de tecnologías agrícolas.
Más del 80% de los incrementos en producción en
los pasados 50 años en los EEUU fueron el resultado de avances tecnológicos,
especialmente, por el uso de fertilizantes, pesticidas y manipulaciones
genéticas.
La llamada revolución verde permitió alimentar
mil millones de personas adicionales sin necesidad de aumentar el área
cultivada y evitó que 16 millones de millas cuadradas de foresta fueran
devastadas por la agricultura.
Una re-valorización de la agricultura requiere
una nueva ola de impulso tecnológico que sólo es posible por la acción
concertada de los gobiernos y de los organismos multilaterales con capacidad de
proveer recursos financieros de largo plazo para el fortalecimiento de los
sistemas de investigación y la difusión de las nuevas tecnologías.
La incorporación a los sistemas productivos de
la biotecnología, la ferti-irrigación, los ambientes controlados, el manejo
post-cosecha y la informática, está llamada a tener gran impacto en la
agricultura, siempre que estas tecnologías lleguen a los predios de los
productores pequeños y medianos que en la región superan el 80% de los
agricultores.
En segundo lugar, tenemos la creciente
preferencia de los consumidores por alimentos saludables.
En efecto, el uso indiscriminado de pesticidas
y el impacto de la agricultura en la naturaleza han dado lugar a nuevos niveles
de conciencia sobre la inocuidad de los alimentos.
Esa exigencia de los consumidores por alimentos
saludables ha obligado a los gobiernos a establecer regulaciones, a veces muy
estrictas, sobre residuos de pesticidas y manejos de cosechas.
Nuestra región es líder en la producción de
bananos café y cacao orgánico. Existe un gran potencial de producción para este
nicho de mercado, pero aún se necesita mayor investigación y asistencia técnica
para el manejo de plagas, así como el apoyo de los gobiernos para cumplir con
los protocolos de certificación de calidad.
En tercer lugar, tenemos el tema del
financiamiento.
En efecto, mientras en la décadas de los
setentas y los ochentas el Banco Mundial y el Banco Interamericano de
Desarrollo dedicaron el 22% de su cartera de préstamo con América Latina y El
Caribe al sector agrícola, en los noventas sólo destinaron el 6.5%.
Es evidente que existe un déficit importante de
financiamiento para la agricultura.
Para solucionar ese serio problema, se
requieren de políticas macroeconómicas que incentiven el flujo de recursos
financieros hacia la producción y el comercio agrícolas.
También se requiere el apoyo de los gobiernos
para lidiar con el riesgo inherente a la actividad agrícola.
En cuarto lugar, voy a tocar el tema de los
mercados agrícolas.
La apertura de los mercados de bienes agrícolas
en un mundo globalizado, dada las diferencias que existen entre países, ha
contribuido en muchos casos, a profundizar la crisis alimentaria y perjudicar
los ingresos de los productores en los países pobres.
La existencia de grandes subsidios en los
países ricos hace que nuestros productores tengan que enfrentar precios
deprimidos en el mercado internacional y la invasión de productos extranjeros
en el plano local.
Lograr una agricultura competitiva y
sustentable es un mayor desafío que los gobiernos, los organismos
internacionales y los productores tienen por delante.
Finalmente, deseo expresar mi creencia de que
para tener éxito en la tarea de revalorizar la agricultura, es imperativa la
creación de una institucionalidad sustentada en la cooperación entre el Estado
y el sector privado.
En América Latina y el Caribe tenemos hoy una
extraordinaria oportunidad de revalorizar el campo mediante la aplicación de
políticas económicas que aprovechen todo el potencial productivo de la riqueza
natural de nuestra región y la favorable dinámica de los mercados agrícolas
internacionales.
Confío en que todos trabajando juntos seremos
capaces de hacer realidad esa aspiración.
Muchas gracias
Miércoles, 13 de junio de 2012.
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